Albert Le Lay, el rey de Canfranc
En los años más oscuros de la Segunda Guerra Mundial, la monumental estación de Canfranc se convirtió en uno de los lugares más singulares de la frontera europea. Por sus andenes pasaron mercancías estratégicas, oro, agentes secretos, refugiados y hombres perseguidos por la Gestapo. En medio de aquel escenario se movía un discreto funcionario francés de Aduanas, Albert Le Lay, que utilizó su privilegiada posición para colaborar con la Resistencia y los aliados. Su historia, casi novelesca, permite descubrir la cara más secreta de Canfranc. Hay lugares cuya historia parece mucho mayor que el espacio que ocupan en el mapa. Canfranc, en la provincia de Huesca, muy cerca de la frontera con Francia, es uno de ellos. Quien contempla hoy su extraordinaria estación internacional de ferrocarril, difícilmente puede sustraerse a la sensación de encontrarse ante un escenario concebido para una novela de espionaje. Y, sin embargo, durante algunos años la realidad superó allí amplia...