Alonso González de Nájera, soldado y escritor, originario de Cuenca
En la literatura española, muchos son los casos de soldados que compartieron la profesión de las armas con la afición a escribir. Desde el caso de Miguel de Cervantes, del que es sabido que antes de ponerse a escribir el Quijote había combatido en Lepanto, donde incluso llegó a perder una mano, hasta Garcilaso de la Vega o Jorge Manrique, Francisco de Aldana o Lope de Vega, Francisco de Quevedo o Calderón de la Barca, muchos de los grandes maestros de la pluma durante nuestro Siglo de Oro compartieron también la tinta negra sobre el papel con el ejercicio de las armas. El hecho no es tampoco una excepción de nuestra literatura; por el contrario, en otras culturas, la combinación de la pluma con la espada, o del uso en el ordenador de un procesador de textos con las armas de fuego, que todavía sigue siendo usual el ejercicio de ambas profesiones a la vez, se repite a través de las diferentes lengu...