Hijos de España. Cincuenta y ocho vidas para contar nuestra historia
Antonio Pérez Henares vuelve a mirar hacia nuestro pasado. Esta vez no lo hace desde la novela histórica, género con el que ha recorrido la Prehistoria, la Edad Media y los primeros tiempos de la presencia española en América, sino mediante las vidas de cincuenta y siete hombres y mujeres que, desde épocas muy diferentes, contribuyeron de alguna manera a construir nuestra historia. «Hijos de España» es, ante todo, una galería humana: cincuenta y siete personajes elegidos personalmente por el autor para intentar responder a una pregunta tan sencilla de formular como difícil de contestar: ¿quiénes somos y de dónde venimos?
Continuidad, porque Pérez Henares vuelve a preguntarse por
nuestras raíces, por los hombres y mujeres que nos precedieron y por ese
larguísimo proceso histórico que ha terminado configurando el país que hoy
conocemos. Cambio, porque esta vez abandona la ficción y la estructura de la
novela histórica. No existe un protagonista alrededor del cual construir una
trama, sino cincuenta y siete personajes históricos muy diferentes entre sí, que
sirven al escritor para emprender un viaje que se prolonga durante miles de
años.
La propuesta es sugerente. En lugar de escribir otra
historia de España ordenada mediante reinados, guerras, acontecimientos
políticos, transformaciones económicas o movimientos sociales, Pérez Henares
decide contarla a través de las personas. Al fin y al cabo, detrás de los
grandes acontecimientos siempre existen hombres y mujeres que los protagonizan,
que toman decisiones, que aciertan y se equivocan, que vencen y son derrotados,
que crean, descubren, escriben, gobiernan, combaten o, simplemente, sobreviven.
El propio título del libro puede llevarnos inicialmente a
engaño, porque algunos de esos «hijos de España» vivieron muchos siglos antes
de que España pudiera recibir ese nombre. Y ahí se encuentra precisamente una
de las claves de la obra. Para Pérez Henares, nuestra historia no comienza con
los Reyes Católicos, ni con la monarquía visigoda, ni siquiera con la Hispania
romana. Hay que retroceder mucho más, hasta los primeros seres humanos que
habitaron el territorio que hoy llamamos España.
El viaje comienza, por lo tanto, mucho antes de que
existiera España como nación o como realidad política. Desde los cazadores de
Atapuerca hasta los héroes medievales; desde los hispanos que alcanzaron las
más altas dignidades del Imperio romano hasta aquellos navegantes y exploradores
que atravesaron océanos y penetraron en territorios hasta entonces desconocidos
para los europeos, la intención del autor es abarcar un amplísimo arco
cronológico, y contemplar nuestro pasado como una larga acumulación de experiencias
humanas.
Por las páginas del libro aparecen personajes célebres junto
a otros mucho menos conocidos; figuras admiradas y otras controvertidas.
Encontramos a la muchacha neandertal que nos lleva hasta los tiempos más
remotos de la presencia humana en la Península; a emperadores nacidos en la
Hispania romana; a reyes, guerreros y protagonistas de la España medieval; a
exploradores que llevaron sus pasos hasta los confines del mundo conocido, y a
hombres como Blas de Lezo, aquel extraordinario marino que, después de haber
perdido un ojo, un brazo y la movilidad de una pierna, fue capaz de enfrentarse
en Cartagena de Indias a una formidable expedición británica que pretendía
conquistar aquel territorio. La variedad de personajes permite al autor del
libro saltar de una época a otra y reconstruir, mediante pequeñas biografías,
el enorme mosaico de nuestro pasado.
Pero antes de continuar conviene realizar una advertencia
necesaria. Estos cincuenta y siete personajes son los cincuenta y siete de
Antonio Pérez Henares. No son, ni pretenden ser, una lista oficial o definitiva
de los españoles más importantes de la historia, y probablemente ahí reside uno
de los principales atractivos del libro. Cualquier lector podrá echar de menos
algún nombre. Es inevitable. Si se pidiera a cien personas que confeccionasen
una lista semejante, seguramente obtendríamos cien relaciones diferentes. Unos
introducirían más científicos; otros reclamarían una mayor presencia de
escritores o de artistas; algunos incorporarían determinados monarcas o
militares; otros preferirían aumentar el número de mujeres. Podrían discutirse
determinadas presencias y, sobre todo, determinadas ausencias.
Pero esa discusión no invalida el planteamiento de la obra.
Al contrario, forma parte de él. Una selección de cincuenta y siete personajes
entre los miles que podrían representar algún momento significativo de una
historia de varios milenios es necesariamente subjetiva. Pérez Henares no pretende
establecer un canon académico. Ha escogido a aquellos hombres y mujeres que,
desde su particular manera de contemplar nuestra historia, le permiten
contarla. Podrían ser otros. Por supuesto. Podrían ser muchos más. También.
Pero entonces estaríamos ante otro libro.
En cierto modo, «Hijos de España» nos invita también a
participar en un juego intelectual. Conforme avanzamos por sus páginas podemos
preguntarnos a quién habríamos incluido nosotros. Qué personaje sustituiríamos,
cuál añadiríamos, quién nos parece imprescindible y quién nos sorprende encontrar
en las páginas del libro. El lector deja así de ser un receptor pasivo y
comienza inevitablemente a confeccionar su propia lista. Porque seleccionar
personajes históricos significa también seleccionar una determinada forma de
mirar el pasado.
Pérez Henares lo hace desde una perspectiva que quienes
hayan leído sus novelas reconocerán con facilidad. Existe en su obra una
permanente preocupación por las raíces, por la tierra y por los hombres que la
habitaron. Le interesan los grandes protagonistas, naturalmente, pero también
aquellos personajes aparentemente secundarios que ayudan a comprender cómo
vivieron las generaciones anteriores.
No es la primera vez que nos encontramos con Antonio Pérez
Henares en este blog. Ya hemos hablado aquí de algunas de sus novelas
históricas, especialmente de la tetralogía dedicada al mundo medieval: «La
tierra de Álvar Fáñez», «El rey pequeño» (ver “Crónica del rey pequeño”, 12 de
agosto de 2016), «Tierra vieja» (ver “Tierra
vieja, una epopeya sobre las gentes de la frontera,5 de noviembre de 2022) y
«El Juglar» (ver “El Juglar, la última novela de Antonio Pérez Henares”, 21 de
agosto de 2024). Cuatro novelas que, aunque la editorial no las presenta
formalmente como una tetralogía, constituyen un conjunto fácilmente reconocible
dentro de su producción, sobre todo por su ambientación y por esa mirada hacia
la formación de la Castilla medieval.
Hay un hilo que une aquellas novelas con «Hijos de España»: la convicción de que una nación no aparece de repente ni es únicamente el resultado de las decisiones de sus reyes y gobernantes. Se construye lentamente, generación tras generación, mediante millones de vidas. El interés de Pérez Henares por ese pasado es todavía más amplio. Antes de internarse en la Edad Media había viajado literariamente hasta la Prehistoria en títulos como «Nublares», «El hijo de la Garza», «El último cazador» y «La mirada del lobo», obras que forman su conocida tetralogía prehistórica. A ellas se sumaría después «La canción del bisonte». También se acercaría al descubrimiento y exploración de América con «Cabeza de Vaca» y «La Española», sobre las figuras, respectivamente, de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y el conquense Alonso de Ojeda.
Todo ello permite comprender mejor «Hijos de España». El
nuevo libro no surge como una excepción dentro de su bibliografía, sino casi
como una consecuencia natural de ella, a partir de la que es una de sus grandes
pasiones, la historia de España; la gloriosa historia de España, a pesar de
estar tan denostada últimamente desde algunas zonas de nuestro actual espectro
ideológico.
Durante años Pérez Henares ha ido entrando y saliendo de
diferentes momentos de nuestro pasado. Ha convivido literariamente con los
cazadores paleolíticos, con los guerreros medievales, con los reyes
castellanos, con campesinos de frontera y con conquistadores y exploradores.
Ahora parece detenerse y contemplar ese enorme paisaje histórico desde cierta
distancia para preguntarse por sus protagonistas. El resultado es esta
colección de cincuenta y siete vidas.
Pero no estamos ante cincuenta y siete biografías
exhaustivas. Pretenderlo en un volumen de estas dimensiones sería imposible. Se
trata fundamentalmente de pequeñas semblanzas biográficas, retratos que
intentan captar aquello que convierte a cada protagonista en una figura
significativa. Y aquí aparece inevitablemente el novelista. Pérez Henares es
periodista, autor de destacadas columnas de opinión política, pero también es un
narrador extraordinario. Esa condición se advierte en su forma de aproximarse a
la historia. No parece interesarle únicamente la acumulación de fechas y
acontecimientos. Busca la anécdota, el episodio revelador, el instante en el
que una vida individual se cruza con la gran historia.
Por eso el libro puede leerse también como una sucesión de
relatos. Cada personaje abre una puerta hacia una historia y una época
diferentes. A través de uno penetramos en el mundo romano; otro nos conduce a
las fronteras medievales; un tercero nos lleva hasta el océano, sea este el
Atlántico o el Pacífico, otro hasta las selvas americanas; alguno nos coloca en
medio de una batalla que decidirá el destino de miles de hombres. Es una manera
especialmente eficaz de divulgar la historia porque devuelve rostro y nombre a los
acontecimientos que a veces terminamos reduciendo sólo a fechas. Pero detrás de
cada fecha hubo personas. Detrás de cada batalla hubo hombres que tuvieron
miedo. Detrás de cada descubrimiento hubo alguien que decidió adentrarse donde
otros no se habían atrevido. Detrás de cada transformación política hubo
ambiciones, convicciones, intereses y también casualidades. Y detrás de la
historia de España hay millones de historias individuales.
Naturalmente, Pérez Henares no puede hablar de cada uno de ellos, y
por eso sólo puede escoger cincuenta y
siete. Ahí vuelve a aparecer la inevitable subjetividad de la selección. Pero
quizá convenga insistir en que no debemos acercarnos al libro preguntándonos
únicamente quién falta. Sería una forma demasiado sencilla de juzgarlo. Resulta
mucho más interesante preguntarnos por qué están quienes están. ¿Qué encuentra
el autor en cada uno de ellos? ¿Qué aspecto de nuestra historia pretende
iluminar mediante su vida? ¿Por qué considera que ese personaje concreto
contribuyó, de una manera o de otra, a construir el legado histórico español? Estas
preguntas convierten la lectura en algo más que una sucesión de biografías. También
nos enfrentan con una cuestión mucho más compleja: qué entendemos por España
cuando hablamos de su historia.
Porque España, naturalmente, no existía cuando vivieron los
hombres de Atapuerca. Tampoco existía como nación en tiempos de los pueblos
prerromanos. Hispania fue durante siglos una realidad geográfica y
administrativa romana, y todavía tendrían que transcurrir muchos siglos antes
de que surgieran las estructuras políticas que acabarían configurando la España
moderna. Pérez Henares parece asumir esa complejidad desde el propio punto de
partida. De ahí la acertada idea que preside la presentación de la obra: antes
de ser nación, España fue territorio y fue, sobre todo, un grupo de personas
haciendo nación. Personas que nacieron aquí. Personas que vivieron aquí. Personas
cuyas decisiones, obras y experiencias, fueron dejando sucesivas capas sobre
las que otras generaciones construirían los estratos siguientes.
La historia se parece en eso a una ciudad antigua. Cada
época levanta sus edificios sobre los cimientos de la anterior. A veces
destruye lo que encuentra; otras veces lo reutiliza; en ocasiones lo olvida
durante siglos hasta que alguien vuelve a descubrirlo. Pero ninguna generación
comienza completamente desde cero. Ese parece ser el sentido último de «Hijos
de España».
No se trata solamente de conocer a cincuenta y siete
personajes, sino de contemplar a través de ellos la extraordinaria continuidad
de una aventura humana que se prolonga durante milenios. Una aventura hecha de
triunfos, pero también de derrotas; de episodios luminosos y de acontecimientos
que hoy contemplamos desde una perspectiva crítica; de personajes admirados y
de otros discutidos. La historia nunca es completamente cómoda porque tampoco
lo fueron quienes la protagonizaron. Quizá por eso sea especialmente
interesante que Pérez Henares incluya figuras controvertidas junto a personajes
prácticamente indiscutidos. Conocer la historia no significa necesariamente
admirar a todos sus protagonistas. Significa intentar comprenderlos en su
tiempo.
Y comprender no es justificar. Ese es uno de los grandes
retos de cualquier divulgación histórica: evitar tanto la idealización del
pasado como la tentación contraria de juzgar automáticamente a quienes vivieron
hace siglos utilizando únicamente nuestras categorías actuales. Los cincuenta y
siete protagonistas de «Hijos de España» pertenecieron a mundos diferentes.
Tuvieron valores, creencias, ambiciones y horizontes mentales distintos.
Precisamente por eso, sus vidas pueden ayudarnos a comprender cuánto ha
cambiado nuestra sociedad y, al mismo tiempo, cuánto permanece reconocible de
ella en el comportamiento humano.
Al cerrar el libro queda abierta la pregunta que lo recorre
desde el principio. ¿Son estos los cincuenta y siete personajes que mejor
representan nuestra historia? Probablemente esa pregunta no tenga respuesta, ni
falta que hace. Son los cincuenta y siete elegidos por Antonio Pérez Henares.
Su selección, su mirada y su particular recorrido por nuestro pasado. Otros
escogeríamos algunos nombres diferentes y seguramente coincidiríamos con él en
muchos otros. Pero precisamente ahí puede comenzar una segunda lectura del
libro: la nuestra. Podemos ir añadiendo mentalmente nombres a la lista. Podemos
discutir con el autor. Podemos preguntarnos por qué ha incluido a unos y ha
dejado fuera a otros. Podemos descubrir personajes que apenas conocíamos y
reencontrarnos con figuras que creíamos conocer perfectamente. Y eso quizá sea
uno de los mejores servicios que puede prestar un libro de divulgación
histórica: despertar la curiosidad.
Porque la historia no está formada únicamente por fechas,
batallas, tratados y reinados. Está hecha de personas. Personas excepcionales y
personas corrientes; hombres y mujeres que supieron aprovechar las
circunstancias y otros que fueron arrollados por ellas. Y quizá cuando
terminemos la última página de «Hijos de España», descubramos que el verdadero
juego apenas acaba de comenzar. Porque será entonces cuando cada uno de
nosotros pueda hacerse una última pregunta: si tuviera que elegir mis propios
cincuenta y siete hijos de España, ¿quiénes serían?
El podcast de Clio: LAS RAÍCES DE ESPAÑA A TRAVÉS DE SUS PROTAGONISTAS




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