Manuel Santa Coloma Lafuente: dos justicias, una vida y las sombras de la Guerra Civil

 Los archivos vuelven a abrir una historia familiar que parecía suficientemente conocida, la del teniente de asalto Manuel Santa Coloma Lafuente, y su actuación durante la Guerra Civil y también en los primeros años de la posguerra. La documentación aportada por Lluc Santa Coloma, bisnieto del militar, permite revisar algunos episodios de su trayectoria y confrontar las versiones transmitidas por sus descendientes con los testimonios escritos de una época especialmente convulsa. Sobre esta familia, y especialmente sobre el propio Manuel Santa Coloma, ya he hablado en este mismo blog en varias ocasiones (ver “Eusebio Santa Coloma: un soldado conquense en Filipinas”, 26 de mayo de 2016; “Vicente Santa Coloma, moderado y héroe de la Primera Guerra Carlista”, 19 de junio de 2016; “La descendencia cubana de la familia Santa Coloma”, 28 de diciembre de 2024; “Perseguido por los dos bandos en la Guerra Civil: Manuel Santa Coloma Lafuente”, 12 de mayo de 2023; y “Entre la memoria y los archivos: la compleja vida de Manuel Santa Coloma Lafuente“, 14 de julio de 2026).

 

Desde hace años vengo dedicando una parte de mis investigaciones a la familia Santa Coloma, un linaje de profundas raíces conquenses cuyos miembros participaron en algunos de los acontecimientos más significativos de la historia militar y política española de los siglos XIX y XX. Entre ellos destacan Federico y Julián Santa Coloma Olimpo, hijos de Eusebio Santa Coloma López, cuya trayectoria he estudiado en diferentes publicaciones. Especial atención he prestado al primero de ellos, protagonista de la biografía que en su día le dediqué, «El león de Melilla», que fue publicada por la Diputación Provincial de Cuenca en 2017.

Esta investigación familiar me llevó también a interesarme por Manuel Santa Coloma Lafuente, hijo de Julián Santa Coloma y sobrino de Federico, cuya existencia estuvo profundamente condicionada por la Guerra Civil y sus consecuencias. A él dediqué una primera entrada del blog, «Perseguido por los dos bandos en la Guerra Civil: Manuel Santa Coloma Lafuente», publicada el 12 de mayo de 2023. Posteriormente, el 14 de julio de 2026, volví sobre su figura en «Entre la memoria y los archivos: la compleja vida de Manuel Santa Coloma Lafuente», a partir del testimonio facilitado por su nieto, Eduardo Santa Coloma Tarré.

Aquella segunda aproximación me permitió conocer numerosos aspectos de su vida privada, de sus convicciones, y de las dificultades que atravesó durante la guerra y la posguerra. Pero también dejaba abiertos algunos interrogantes. La memoria familiar, incluso cuando procede del testimonio directo del protagonista, no siempre permite reconstruir con absoluta precisión unos acontecimientos vividos muchos años atrás.

Ahora, gracias a la generosidad de Lluc Santa Coloma, bisnieto de Manuel, he podido acceder a tres conjuntos documentales de especial interés: una hoja de servicios militares, un expediente judicial instruido en la zona nacional, y otro procedimiento seguido por las autoridades republicanas. Esta documentación ofrece la posibilidad de volver sobre algunos de los episodios más controvertidos de su biografía, esta vez desde una perspectiva diferente. No se trata de sustituir una memoria familiar por otra, ni de establecer una competición entre testimonios de descendientes de una misma persona. Se trata, sencillamente, de avanzar en el conocimiento histórico, contrastando las informaciones disponibles y distinguiendo entre lo que sabemos documentalmente, lo que afirmaron los protagonistas, y aquello que todavía permanece sujeto a interpretación a través de la memoria familiar.

 

Una carrera militar marcada por la historia de España

Manuel Santa Coloma Lafuente nació en Maella, en la provincia de Zaragoza, el 27 de noviembre de 1907. Era hijo de Julián Santa Coloma Olimpo y de Lorenza Lafuente. Su pertenencia a una familia de larga tradición castrense explica, al menos en parte, su temprana inclinación hacia la carrera de las armas. En diciembre de 1922 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, iniciando una trayectoria profesional que lo llevaría por diferentes destinos militares, entre ellos algunas de las unidades que participaron en las campañas de Marruecos.

La hoja de servicios facilitada por Lluc Santa Coloma constituye una fuente de particular importancia. A diferencia de los recuerdos personales, este tipo de documentación permite reconstruir la carrera profesional de un militar a través de sus ascensos, destinos, situaciones administrativas y anotaciones oficiales. El documento recoge su progresión por los empleos de la oficialidad, así como diferentes destinos y vicisitudes de su carrera. También permite situarlo en el contexto de las transformaciones que experimentó el Ejército español durante la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y los primeros años del régimen franquista. Pero el verdadero interés de esta documentación aparece cuando la trayectoria estrictamente profesional comienza a entrelazarse con los acontecimientos políticos.

 

El primer proceso: bajo la justicia republicana

Uno de los documentos más significativos aportados por Lluc Santa Coloma es el expediente instruido contra Manuel Santa Coloma por la justicia republicana durante los primeros meses de la Guerra Civil. Su portada lo identifica como un sumario del Juzgado Especial de Justicia, fechado en 1936, relacionado con los delitos de rebelión y sedición militar. En él aparece Manuel Santa Coloma Lafuente entre las personas investigadas. El procedimiento se conserva entre los fondos documentales del Estado, y puede consultarse a través del Portal de Archivos Españoles (PARES), en el expediente identificado con la referencia archivística que figura en la reproducción facilitada por su bisnieto.

La documentación inicial resulta particularmente interesante porque permite conocer algunos de los motivos que despertaron las sospechas de las autoridades republicanas. Entre los documentos incorporados al sumario figura una comunicación de la Dirección General de Seguridad, fechada el 14 de septiembre de 1936, en la que se alude a una carta atribuida a Manuel Santa Coloma y dirigida a un antiguo compañero de armas. Según aquella comunicación, la correspondencia y otros materiales intervenidos podían revelar una vinculación con actividades relacionadas con la rebelión militar.

El documento menciona también una supuesta actuación en Madrid durante la cual Santa Coloma habría realizado disparos al aire y manifestado determinadas opiniones políticas. Conviene subrayar que nos encontramos ante informaciones recogidas en una comunicación policial, no ante hechos cuya veracidad pueda darse por demostrada únicamente por su incorporación al expediente. En el sumario aparecen asimismo cartas privadas, documentos en distintos idiomas y recortes de prensa. Su presencia demuestra el interés de los investigadores por reconstruir las relaciones personales y políticas del acusado.

En mi artículo anterior, basado en el relato de Eduardo Santa Coloma, señalaba que Manuel había simpatizado con Falange Española y colaborado con militares comprometidos con la conspiración de julio de 1936. El expediente republicano permite comprobar que las autoridades de aquel momento sospechaban de su vinculación con los sectores sublevados, aunque debe distinguirse cuidadosamente entre las sospechas policiales, las acusaciones judiciales y los hechos efectivamente acreditados. Esta diferencia es esencial. Un expediente judicial constituye una fuente histórica de primer orden, pero también refleja los criterios, preocupaciones y circunstancias políticas de quienes lo instruyeron.

 

La paradoja de un militar investigado por los dos bandos

El aspecto más singular de la biografía de Manuel Santa Coloma continúa siendo la existencia de procedimientos judiciales abiertos contra él por las autoridades de los dos bandos enfrentados durante la Guerra Civil. En el artículo anterior recogía, a partir de la memoria transmitida por Eduardo Santa Coloma, su refugio en la Embajada de México y su posterior paso a la zona nacional. Allí, lejos de encontrar una situación definitivamente resuelta, se vio envuelto en un nuevo proceso militar. La documentación remitida ahora por Lluc Santa Coloma permite profundizar en esta segunda circunstancia. El expediente nacional incluye actuaciones del Juzgado Militar de Instrucción número 8, correspondientes a 1937. Entre ellas aparecen diligencias, comunicaciones entre autoridades militares y documentos relativos a la investigación seguida contra el entonces teniente de Infantería Manuel Santa Coloma.

Una de las piezas incorporadas al procedimiento muestra que las autoridades militares investigaban sus actuaciones anteriores y las relaciones que había mantenido durante su permanencia en territorio republicano. La situación no deja de resultar paradójica. Un militar investigado por las autoridades republicanas a causa de sus presuntas relaciones con los sublevados acabó siendo sometido también a la justicia militar de estos últimos. Sin embargo, sería excesivamente simplificador deducir de esta circunstancia que ambas persecuciones respondían a motivaciones idénticas. Cada procedimiento debe estudiarse dentro de su propio contexto, atendiendo a las acusaciones formuladas, las pruebas incorporadas y las decisiones adoptadas por los respectivos tribunales.

Especial interés presentan, en este sentido, dos episodios ocurridos durante los primeros meses de la Guerra Civil, que permiten plantear nuevos interrogantes sobre la actuación de Manuel Santa Coloma y sus verdaderas lealtades políticas. El primero tuvo lugar en Vicálvaro, donde, según su hoja de servicios, fue destinado el 19 de julio de 1936, permaneciendo en las inmediaciones del cementerio hasta su regreso al cuartel, a las cinco de la madrugada del día siguiente. Aquellas fechas coincidieron con los enfrentamientos relacionados con la sublevación militar en dicha localidad, aunque la documentación consultada no permite establecer cuál fue su intervención concreta en los acontecimientos. Más controvertida resulta su participación en las operaciones militares desarrolladas en Toledo durante el asedio del Alcázar. Mientras que su hoja de servicios sostiene que no llegó a disparar contra los defensores de la fortaleza, la documentación del procedimiento judicial instruido posteriormente por las autoridades nacionales recoge, según señala Lluc Santa Coloma, una declaración atribuida al propio Manuel, en la que habría reconocido haber estado al frente de sus guardias, participando en los tiroteos contra el Alcázar.

Esta aparente contradicción entre dos documentos oficiales, redactados además en circunstancias diferentes, obliga a extremar la prudencia antes de establecer conclusiones definitivas. En cualquier caso, ambos episodios introducen importantes matices en la imagen de un militar que, según el testimonio familiar recogido en mi anterior artículo, habría mantenido desde fechas tempranas una clara identificación con los sectores contrarios a la República. La documentación aportada ahora por su bisnieto plantea, cuando menos, la necesidad de reconsiderar aquella interpretación, sin que ello suponga dar por demostradas todas las acusaciones que posteriormente se formularon contra él.

Otro de los episodios más significativos de la trayectoria de Manuel Santa Coloma durante la Guerra Civil fue su refugio en la Embajada de México en Madrid, circunstancia que ya había recogido en mi anterior artículo, a partir del testimonio de su nieto Eduardo Santa Coloma Tarré. Sin embargo, la documentación aportada ahora por su bisnieto, Lluc Santa Coloma, permite contemplar aquel acontecimiento desde una perspectiva diferente. Según esta nueva fuente, su decisión de acogerse a la protección diplomática mexicana se produjo cuando las tropas nacionales avanzaban hacia la Ciudad Universitaria y en un momento en el que las autoridades republicanas investigaban su presunta implicación en la muerte de un miliciano, ocurrida en la calle de Lista, actual Ortega y Gasset. De acuerdo con la información facilitada por Lluc, el procedimiento judicial republicano incluye declaraciones de antiguos compañeros de Manuel Santa Coloma que no lo identificaban con posiciones falangistas o de extrema derecha, lo que introduce dudas sobre la interpretación, recogida en la entrada anterior, de que su persecución obedeciera exclusivamente a motivos ideológicos.

No obstante, conviene distinguir entre las acusaciones formuladas contra él y los hechos que puedan considerarse documentalmente probados. Su refugio en la representación diplomática mexicana constituye, en cualquier caso, un episodio especialmente revelador de las contradicciones de su trayectoria durante aquellos años, pues quien había servido inicialmente en las fuerzas leales a la República terminaría buscando protección frente a sus propias autoridades y, posteriormente, incorporándose a la zona nacional, donde tampoco conseguiría librarse de la persecución judicial.

 

La condena y el problema de su interpretación

En mi entrada de julio de 2026 recogía que Manuel Santa Coloma había resultado inicialmente absuelto en el procedimiento seguido en la zona nacional, pero que posteriormente aquella resolución fue revisada y sustituida por una condena de doce años y un día de reclusión, con pérdida de empleo. También señalaba que la pena terminó siendo conmutada y que el militar dedicó buena parte de su vida posterior a intentar conseguir su rehabilitación profesional. La documentación oficial publicada en el Boletín Oficial del Estado, que ya había utilizado en aquella investigación, confirma la existencia de una condena de 29 de diciembre de 1937 por auxilio a la rebelión, así como posteriores decisiones administrativas relacionadas con su separación del servicio, su reingreso y sus derechos pasivos.

El expediente judicial aportado por Lluc Santa Coloma ofrece ahora una fuente primaria para estudiar el desarrollo de aquel proceso. No obstante, hay que tener presente que una condena judicial y la interpretación histórica de los hechos que la motivaron son cuestiones diferentes. Las resoluciones de los tribunales militares de la Guerra Civil deben analizarse dentro de las circunstancias excepcionales en que fueron dictadas, sin olvidar que sus procedimientos y criterios jurídicos estaban condicionados por el enfrentamiento bélico. Tampoco puede afirmarse, sin un examen completo de las actuaciones, que la revisión de una sentencia obedeciera exclusivamente a rivalidades personales, represalias políticas o enfrentamientos entre distintas familias del bando vencedor.

En el artículo anterior recogí la convicción de Manuel Santa Coloma, transmitida por su nieto, de haber sufrido una profunda injusticia. Ese sentimiento constituye un testimonio biográfico relevante, pero no sustituye el análisis de las actuaciones procesales. Precisamente ahí reside el interés de los nuevos documentos: permiten acercarse a los fundamentos jurídicos y a las circunstancias administrativas de una decisión que tuvo consecuencias decisivas para su vida.

 

La memoria familiar frente a los documentos

La aparición de esta nueva documentación obliga también a reflexionar sobre la naturaleza de las fuentes históricas. Eduardo Santa Coloma Tarré me proporcionó un relato basado en los recuerdos que su abuelo le transmitió durante los últimos años de su vida. Aquella información permitió reconstruir episodios personales y familiares que difícilmente habrían aparecido en los archivos oficiales. Ahora, Lluc Santa Coloma, también descendiente directo del protagonista, aporta documentos que permiten examinar algunos de aquellos acontecimientos desde una perspectiva diferente. Ambas aportaciones tienen valor, aunque su naturaleza sea distinta.

El testimonio oral permite conocer cómo una persona recordaba su pasado, cómo interpretaba los acontecimientos que había vivido y qué importancia concedía a determinados episodios. Los documentos administrativos y judiciales permiten conocer cómo actuaron las instituciones, qué decisiones adoptaron y qué informaciones manejaron. Pero tampoco los documentos oficiales están libres de problemas. Una denuncia puede contener afirmaciones falsas; una declaración puede estar condicionada por el miedo; un informe policial puede responder a sospechas no confirmadas, y una sentencia puede reflejar los condicionamientos políticos de su tiempo.

La labor del historiador consiste precisamente en confrontar todas esas fuentes, identificar sus contradicciones y tratar de reconstruir los acontecimientos sin convertir ninguna de ellas en una verdad incuestionable. En este sentido, las diferencias que puedan existir entre los recuerdos familiares y los expedientes judiciales no deben ocultarse. Al contrario, constituyen una oportunidad para profundizar en el conocimiento de una biografía especialmente compleja.

 

Una vida más allá de los tribunales

La trayectoria de Manuel Santa Coloma no terminó con los procesos judiciales de la Guerra Civil. Casado con Josefa Echagüe Bouza, con quien tuvo cuatro hijos, intentó reconstruir su existencia después de haber quedado apartado durante años del servicio militar activo. Como recogí en la entrada anterior, el testimonio de su nieto Eduardo situaba algunos de esos intentos de reconstrucción personal y económica en Perú y Uruguay, antes de su regreso definitivo a España y de su incorporación laboral al aeropuerto de Barcelona. Estos aspectos de su vida siguen teniendo interés, aunque no deben confundirse con el contenido de los expedientes judiciales ahora examinados. La documentación facilitada por Lluc Santa Coloma se concentra fundamentalmente en su carrera militar y en los procedimientos abiertos durante la guerra. Por lo tanto, no permite confirmar por sí sola todos los episodios de su posterior vida familiar y profesional.

Manuel Santa Coloma falleció en Barcelona el 6 de marzo de 2003, a los noventa y cinco años. Había vivido casi un siglo de historia española, desde los últimos años del reinado de Alfonso XIII hasta los comienzos del siglo XXI.

 

Una historia que continúa abierta

Cuando publiqué mi primera entrada sobre Manuel Santa Coloma Lafuente, en mayo de 2023, pretendía dar a conocer una biografía que me parecía singular por las circunstancias políticas y judiciales que habían condicionado la existencia de su protagonista. Tres años después, el testimonio de su nieto Eduardo me permitió completar algunos de los vacíos de aquella primera investigación. Ahora, los documentos facilitados por su bisnieto Lluc abren una tercera etapa, caracterizada por la posibilidad de estudiar directamente una parte significativa de los expedientes militares y judiciales.

No considero que ninguna de estas aproximaciones deba anular a las anteriores. La historia es una disciplina en permanente construcción, y cada nueva fuente puede confirmar, corregir o matizar nuestras interpretaciones. En el caso de Manuel Santa Coloma, esa necesidad de revisión resulta especialmente evidente. Su trayectoria estuvo marcada por unas circunstancias políticas extremas, en las que las lealtades personales, las responsabilidades militares y las acusaciones judiciales adquirieron una importancia decisiva. Quizá la enseñanza más importante que nos ofrece su biografía sea precisamente la dificultad de encerrar una existencia humana dentro de categorías políticas demasiado rígidas.

Por mi parte, continuaré incorporando a este blog cuantos testimonios y documentos permitan avanzar en el conocimiento de la familia Santa Coloma, una saga que, desde sus raíces conquenses, terminó extendiéndose por distintos territorios y participando en algunos de los acontecimientos más importantes de la España contemporánea. Y también, en algún caso, fuera de ella, como lo demuestra la noticia aportada en su momento, desde Cuba, por Alejandro Rodríguez González, descendiente de otra de las ramas de este árbol familiar, que se instaló en la isla caribeña a mediados del siglo XIX, donde emparentó con la burguesía y la aristocracia local. A este respecto quiero recordar una de las entradas ya citadas, la dedicada a la descendencia de Ángela Santa Coloma.

Quiero terminar expresando públicamente mi agradecimiento a Lluc Santa Coloma, por su generosidad al facilitarme esta documentación. Su aportación constituye una nueva oportunidad para acercarnos a la figura de su bisabuelo desde el respeto a las fuentes y con la voluntad de comprender su historia personal, antes que juzgarla. Porque la historia no consiste en defender recuerdos heredados, sino en tratar de conocer, con la mayor fidelidad posible, aquello que realmente sucedió.

 

Fuentes documentales

1. Hoja de servicios de Manuel Santa Coloma Lafuente. Documento militar de 44 páginas facilitado por Lluc Santa Coloma, bisnieto del protagonista. Recoge destinos, empleos, servicios y otras circunstancias de su trayectoria castrense.

2. Procedimiento judicial militar instruido en la zona nacional. Expediente de 150 páginas en la copia remitida por Lluc Santa Coloma, con actuaciones del Juzgado Militar de Instrucción número 8 y documentación relativa al procedimiento seguido contra Manuel Santa Coloma Lafuente.

3. Procedimiento de la justicia republicana. Sumario de 1936 conservado en el Centro Documental de la Memoria Histórica, con documentación accesible mediante el Portal de Archivos Españoles (PARES). Copia de 75 páginas facilitada por Lluc Santa Coloma. Consulta del expediente en PARES.

4. Recuenco Pérez, Julián. «Entre la memoria y los archivos: la compleja vida de Manuel Santa Coloma Lafuente», 14 de julio de 2026. Blog “La Casa de Clío”. Artículo basado principalmente en el testimonio de Eduardo Santa Coloma Tarré.

5. Recuenco Pérez, Julián. «Perseguido por los dos bandos en la Guerra Civil: Manuel Santa Coloma Lafuente», 12 de mayo de 2023. Blog “La Casa de Clío”.






El podcast de Clío: LA PARADOJA SANTA COLOMA

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