La ermita de la Virgen de la Fuensanta y la memoria de un barrio desaparecido
La ermita de la Virgen de la Fuensanta constituye uno de esos espacios físicos en los que la historia reciente de Cuenca se entrelaza con una tradición mucho más antigua, en la que el paisaje, la devoción y la transformación urbana dialogan de forma elocuente. Su origen se sitúa en la primera mitad de los años sesenta del siglo XX. Fue entonces cuando don Ángel García Benedicto, sacerdote que ya entonces estaba destinado en la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, impulsó su construcción con el objetivo de atender espiritualmente a los vecinos del barrio de Buenavista, conocido popularmente como el “barrio de chocolate”. Aquel núcleo, humilde y vivo, desaparecería pocos años después, en la década de 1970, al ser atravesado por la nueva vía de acceso a Cuenca desde la carretera de Madrid, el conocido entonces como Puente Nuevo. La ermita quedó así en tierra de nadie, como uno de los escasos testigos materiales de un paisaje humano que el progreso urbanístico transformó profunda...